viernes, 28 de mayo de 2010

29. Convencido

Estaba convencido de que Maribel lo deseaba, disfrutaba plenamente ese estado machorro que le generaba, esa prepotencia tan fálica que lo hacía sentirse el pene más deseado por ella... y ella se encargaba bastante bien de confirmarle sus ilusiones... De repente David sintió el pequeño chasquido metálico, la trampa se había activado dejando un margen de centésimas de segundo antes de que las mandíbulas de hierro filoso le cercenaran los pies. Cayó y se dió cuenta de la lógica del deseo: David se sentía el falo que Maribel más ambicionaba, pero lo que ella ambicionaba en realidad era ese sentimiento prepotente que generaba en él, la eficacia de su propia obsesión, su capacidad para manipularlo con el calor de la entrepierna... Afortunadamente para David, antes de que se cerraran las mandíbulas sobre sus pies, apareció Laura... Maribel pensó que su poder sobre David crecía cada vez más, que su prepotencia machista se estaba desbordando gracias al meneo de sus caderas y gemidos reservados sólo para él, pero la verdad era que, si bien su macho se hacía más fuerte ahora, era gracias a Laura... Maribel se dió cuenta demasiado tarde de lo ilusionada que estaba, su propia trampa cercenó sus pies... Maribel ya no esperaba ver la sangre de sus heridas, tan solo esa sustancia rosada y pegajosa de la que todos hablan...

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