jueves, 27 de mayo de 2010

28. Esponjado

David disfrutaba demasiado el sexo con Maribel a pesar de que siempre terminaban discutiendo después de tres o cuatro orgasmos ¡Pero que orgasmos! David sabía que tenía un pequeño lugar asegurado en el interior de ella, y no sólo un lugar físico en dónde guardar su pistola, sino un albergue, ese espacio cálido y esponjoso, cómodo y de ensueño que la mayor parte de la gente ubica en el corazón. A pesar de que eso lo hacía sentir muy macho, justamente por eso desconfiaba de Maribel, porque esa completud, esa prepotencia que tanto lo satisfacía comenzaba a depender del lugar que ella le daba a él en su interior... -Pobre idiota-, se decía mientras recordaba sus jadeos y gemidos...

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