Después de recibir la noticia, Pepe cuelga la bocina del teléfono y su respiración permanece agitada por tanta emoción. Corre donde su esposa Dora y la besa como no lo hacía desde hace 17 años, cuando nació su hijo. -¡¡¡Elvio!!!-, lo llama de un grito y sonriendo. -¿Pero qué pasa Pepe?-, pregunta la esposa confundida. -¡¡¡Elvio!!!- Vuelve a gritar y mira a su mujer -Nuestro hijo, Dorita, acaba de darnos el mejor regalo, tantos años de angustia, Dorita, porque no fuera un muchacho digno y recto, ¡y hoy nos acaba de arreglar la vida!-. -Pero qué pasó Pepe, sigo sin entender-. -¿Te acuerdas de Rosita? Esa niña que pensábamos era tan mala influencia para nuestro Elvio, esa amiguita de él que vimos una vez abrazando y besando a la solterona Aída-, la señora Dora permanece atenta. -Su mamá, doña Nora, me acabó de contar que fue dolorosísimo ver cómo se le salían los ojos mientras vomitaba esa sustancia rosada y pegajosa, que en medio de la ceguera y los espasmos de dolor, entre gritos, saliva y vómitos, sacó de su mesita de noche un sobre y se lo entregó antes de que su cabeza reventara; después de llorar desesperadamente media hora y revolcándose entre los restos y pegotes de su hija, la desdichada madre abrió el sobre y adivina qué tenía adentro-, la mujer abre los ojos de par en par esperando la respuesta. -Adentro del sobre, mi querida esposa, había una foto de nuestro hijo, acompañada de una carta en la que Rosita fantaseaba una vida con él y le agradecía su ternura y cariño... ¿¿¿sabes lo que eso significa por Dios Dora???- la mujer hace una mueca aterrada, -Mujer, después de tantos años de sufrimiento, pensando que teníamos un hijo torcido y afeminado, después de que él mismo nos traicionó confirmando con su voz nuestras peores sospechas, ahora se redime con nosotros y nos muestra que es un hombre de verdad en el que podemos confiar, ¡¡¡Elvio hijo!!! Yo sabía que no me ibas a defraudar-. Pepe sube corriendo las escaleras y de un solo golpe abre la habitación de su crío: -¡¡¡Elvio!!!-. Este, sentado en su cama, maquillado pero sin la peluca, con su vestido favorito a medio poner y que le dejaba ver su pecho completamente plano, los tacones de charol aún abrochados y unas medias púrpura que cubrían la totalidad de sus piernas. Los ojos de Elvio fijos en la mesita de noche, donde reposa sin ser colgada la bocina de su teléfono rojo, desde donde todavía se escuchan intermitentes los sollozos de la mamá de su mejor amiga... Dora permanece atónita en la sala y busca un asiento pero de repente siente un golpe en el piso de arriba, otro golpe, un gemido, y el cuerpo de su marido cae rodando por las escalas. Completamente hundido en el cráneo, a través del ojo derecho de Pepe, permanece firme un afilado tacón de charol... y después, un grito desesperado de Elvio: -¡¡¡Me traicionaste Perra, pensé que éramos amigas pero me traicionaste!!!-.
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ResponderEliminarEmocionante este capitulo
ResponderEliminarEy!!! Cuando dice "el autor" NO SOY YO!!! Creo que se refiere a vos, querido lector, que eliminaste tu propio comentario...
ResponderEliminarSi efectivamente, fui yo.
ResponderEliminarEsas son las bondades de la "libertad de expresión"
ResponderEliminarnada como la decepción por parte de un amigo como para aburrirlo a uno de tal manera que le de por tirar tacones al mundo...pero pobre chica
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