Fernanda sentía su pulso acelerado, por más que se lo advirtieron no hizo nada y aunque siempre negó las consecuencias ahora las tendría que sufrir en carne propia. Discutía con Efraín, ella le gritaba cada vez más fuerte y las lágrimas comenzaron a brotar, el fin se acercaba. -Vos me hiciste esto malparido, vos me mataste-. Efraín se mordía los labios con culpa mientras protegía a su hijo Manuel de 5 años. Ella de un tirón se lo arrebató, Efraín se quedó atónito viendo cómo Fernanda abrazaba y bañaba a su hijo en lágrimas mientras ella comenzaba a convulsionar y pegar alaridos. Él intentó salvarlo pero llegó tarde, el cuerpo de Fernanda explotó de forma violenta despedazando al pequeño Manuel y llenando el cuarto de miserias y esa sustancia rosada y pegajosa de la que todos hablan. Efraín con rabia y sosteniendo la cabeza de su hijo ensangrentada le respondió a su difunta esposa: Yo no te maté, te mató el Amor, esa sustancia rosada y pegajosa...
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