Se quedó un rato observando a David desnudo, durmiendo acurrucado sosteniendo la almohada con fuerza. Otro cigarrillo tan solo para aletargar un momento incómodo y patético. -Pero si no tengo nada contra él, y él es bueno, no es malo, y me trata bien siempre, y aún así lo estoy odiando por dentro como a nadie, así no más, sin razón, sin motivo; esto terminó de la misma manera que empezó-. Una aspiración de humo azul llena sus pechos redondos, un suspiro lo expulsa lentamente, saboreándolo, jugando con él entre la boca y la nariz. -¿Le escribo algo, así sea un "chao"? ¿le digo por qué me voy? ¿Es que acaso sé por qué me voy? ¿Le digo?- Pero Laura sabía muy bien que cualquier palabra no sería más que un cinismo lastimero. Un intento por callar su propia culpa más que un acto de aprecio por David. Por primera vez se sorprendió del trabajo tan eficiente que hicieron las monjas gordas de su colegio. Se vistió y se fue.
No hay comentarios:
Publicar un comentario