Fueron 7 los orgasmos que Laura pudo sentir con David después de la última vez... Después ya no era capaz, ni siquiera de fingir. Cuando se dió cuenta de esto, cuando por fin aceptó este hecho una extraña sensación comenzó a generar angustia y ansiedad dentro de su ser, una especie de inquietud en las tripas que podría ser tan bien descrita con la metáfora aquella de las maripocitas en el estómago si no fuera porque los enamorados y optimistas la robaron de manera rapaz y engañosa. Laura no era optimista, no estaba enamorada y sabía muy bien cuál era esta sensación tan parecida al enamoramiento pero que supo bautizar con otro nombre: culpa. Y sonrió mientras fumaba un cigarrillo, sentada desnuda frente a la cama y en ella David durmiente abrazando una almohada: Así me abrazás a mí.
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