sábado, 19 de junio de 2010

31. Bienvenido!!!

El 523 de la calle Pringles, una casa vieja con apariencia de nada especial, un aldabón de argolla hecho en bronce corroido por los años, puertas altas de madera gastada que no provocan ni ser tocadas. Ahí estaba David, siguiendo las instrucciones que contenía el sobre rosado. ¿Instrucciones para qué? Ese era justamente el momento en el que él mismo se lo preguntaba, parado junto a esa casa antigua y en medio de la noche fría (a las 22, tal como decían las instrucciones) y arrepintiéndose por primera vez de su curiosidad histérica y acrítica. Knock Kcnok Knock... El eco del bronce sobre la madera hacía temblar los huesos, se esparcían las ondas sonoras hacia el espacio interior dando idea de su vacía inmensidad, de su oscuridad, de su propio miedo a entrar por esa puerta. Pasos lentos y pesados se alcanzaban a percibir desde el interior, acercándose sobre un piso de madera probablemente igual de gastada a la de la puerta. Justo cuando David sintió la sonora presencia junto a él, al otro lado de la entrada los pasos se detuvieron, el eco de los mismos se desvaneció en el interior de la casa oscura, el silencio; David, ansioso, arrimó la oreja a la puerta y le pareció escuchar la respiración de la presencia que aguardaba al otro lado, respiración lenta y medida. Se quedó allí esperando, pero no se atrevía a golpear nuevamente. Una cerradura tan vieja como bullosa comenzó a chasquear, los goznes rechinaron en medio de la oscuridad interior.

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