El sobre marcado con un vistoso "Bienvenido" escrito a mano. "Bienvenido David Benavides a nuestro club. Son hombres y mujeres afortunados los que llegan a ser capaces de vivir de acuerdo a su corazón, los que reconocen y se atreven a actuar persiguiendo un sueño, persiguiendo ese derecho que tenemos desde que nacimos: el derecho a ser amados, el derecho a entregarnos a otro ser humano en un acto infinito de generosidad. Usted señor Benavides está madurando y está comprendiendo por fin qué es amar, qué es abandonar el egoísmo de la individualidad necia. Felicitaciones. Lo esperamos el día 22 de este mes sin falta, en el 523 de la calle Pringles a media noche. Tenemos una sorpresa especial sólo para usted". Fernando terminó de sorber su café amargo-amargo que tanto le gusta. Justo ahí se quedó, a través de la ventana del Café Bar Río, mirándole las piernas a unas niñas que acababan de salir del colegio y esperaban el autobus en la calle. Con su lengua limpió las gotitas de café que permanecían en sus labios.
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